• Sensores y monitoreo
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Contar con redes meteorológicas propias da mayor precisión a los datos locales y ayuda a las transmisoras a monitorear riesgos y a decidir en situaciones críticas.

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El artículo de hoy fue escrito en colaboración con la Dra. Fernanda Tayt-Sohn, licenciada en meteorología, fundadora y consultora principal de Tempo Certo Meteorologia (https://tempocertometeorologia.com.br/). ¡Gracias por tu aporte, Fernanda!

Las estaciones meteorológicas tienen dos usos principales. El primero, y el más evidente, es el monitoreo continuo de las condiciones atmosféricas. El segundo es alimentar con datos los modelos numéricos de pronóstico del tiempo, que usan esas observaciones para representar con mayor precisión el estado inicial de la atmósfera. En las estaciones convencionales se hacen observaciones cada tres horas, es decir, ocho veces al día, y cuatro de esas observaciones se consideran principales (00Z, 06Z, 12Z y 18Z). En cada observación se miden parámetros como temperatura del aire, humedad relativa, presión atmosférica, velocidad del viento, precipitación, radiación solar y otras variables meteorológicas. En las estaciones automáticas, en cambio, las mediciones son continuas y se transmiten a intervalos regulares, lo que permite un monitoreo casi en tiempo real.

Estados Unidos tiene un territorio de tamaño parecido al de Brasil, y su infraestructura de observación meteorológica reúne cerca de 35 mil puntos de observación integrados. Brasil, en cambio, cuenta con unas 2 mil estaciones meteorológicas oficiales, entre automáticas y convencionales, repartidas por todo el país.

Aunque la diferencia en el número de estaciones entre Brasil y Estados Unidos es grande, no es lo que más llama la atención. Dentro de Brasil, la densidad de estaciones varía mucho de una región a otra. La región Norte, pese a ser la más extensa del país, tiene una red de observación mucho más espaciada, mientras que el Sudeste cuenta con una red densa. Esta desigualdad en la cobertura afecta directamente la calidad del monitoreo meteorológico y la asimilación de datos por parte de los modelos numéricos de pronóstico.

Mapa de estaciones meteorológicas del INMET, que muestra la diferencia de densidad de estaciones entre las regiones de Brasil (fuente: https://mapas.inmet.gov.br/)

Ante este escenario, en los sectores donde la meteorología es estratégica, como las concesionarias de transmisión y distribución de energía, las generadoras hidroeléctricas, eólicas y solares o las empresas de saneamiento, entre otras, instalar redes meteorológicas propias es una ventaja operativa importante, sobre todo en regiones de baja densidad. Estas redes amplían la resolución espacial y temporal de las observaciones y producen información más representativa de las condiciones atmosféricas locales. Así, los análisis meteorológicos, la modelación numérica y los pronósticos específicos para cada proyecto ganan precisión, y eso contribuye a la gestión de riesgos, a la planificación operativa y a la toma de decisiones en situaciones críticas.

En el sector de transmisión en particular, los operadores han instalado estaciones meteorológicas a lo largo de las líneas, para monitorear en tiempo real y dejar registro para los informes posteriores a un evento. La principal preocupación de los operadores en Brasil es medir y monitorear la velocidad y la dirección del viento y la precipitación, que son a la vez las principales causas de caída de torres de transmisión y variables difíciles de extrapolar a partir de modelos meteorológicos globales. Sobre todo en zonas remotas con pocas estaciones meteorológicas, tener sensores propios puede ser muy importante para contar con una visión fiel de esta amenaza.

Conviene tener presente que las estaciones meteorológicas instaladas en líneas de transmisión deben cumplir requisitos especiales, como:

  1. Resistencia a campos electromagnéticos: las torres sostienen conductores de alta tensión, que generan campos eléctricos y magnéticos intensos capaces de inducir ruido y corromper las señales analógicas.
  2. Resistencia a la intemperie: clasificación IP adecuada (IP66 o superior, es decir, resistencia a chorros potentes de agua), un amplio rango de temperatura de operación y protección contra descargas atmosféricas (DPS, dispositivo de protección contra sobretensiones).
  3. Poco mantenimiento: como suelen estar en lugares de difícil acceso, que las cuadrillas visitan con poca frecuencia, se recomiendan sensores sin partes móviles y que no se obstruyan, como anemómetros ultrasónicos en lugar de los de copas (que sufren desgaste mecánico) y pluviómetros de radar doppler o piezoeléctricos de impacto en lugar de los de cubeta basculante (cuyo embudo tiende a taparse con residuos e insectos).

Los precios pueden variar bastante según las especificaciones de los equipos. El análisis de un especialista es fundamental, tanto para elegir la estación ideal para cada uso previsto como para definir cuántas estaciones instalar y dónde, equilibrando costo y cobertura.