• Riesgos e interrupciones
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Los fenómenos climáticos, el vandalismo, las colisiones, los incendios y hasta la fauna figuran entre las principales causas de caídas de torres y desconexiones en Brasil. Descubra cómo la inteligencia predictiva puede anticipar estos riesgos y hacer más resiliente la transmisión de energía.

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La visión de Resilion es clara: apoyar a las empresas de infraestructura esencial en la prevención de interrupciones y la reducción de riesgos, con una única plataforma de visibilidad en tiempo real e inteligencia predictiva.

En la transmisión de energía, eso significa asegurar que la columna vertebral del sector energético del país siga en pie. Pero para evitar el colapso, primero hay que entender las fuerzas físicas, climáticas y humanas que ponen a prueba estas estructuras todos los días en Brasil.

El escenario de riesgos es muy dinámico

Aunque parezcan inmóviles, las torres de transmisión enfrentan un escenario de riesgos mucho más dinámico de lo que se alcanza a ver. Cuando una de ellas cae, el impacto es inmediato y grave. Además del riesgo directo de apagones sistémicos, la pérdida económica para el operador puede llegar a decenas de millones de reales por evento. Los datos del ONS, el operador del sistema eléctrico brasileño, entre 2020 y 2024 muestran un promedio impresionante de 21 caídas de torres por año en el país, una cifra que esconde una distribución de causas muy reveladora.

También pesan el factor humano y el geográfico. Cerca del 31% de las caídas se deben a vandalismo, sabotaje o robo, un problema persistente de seguridad pública, sobre todo en las regiones Norte y Nordeste. En el Centro-Oeste y en São Paulo, en cambio, la maquinaria agrícola moderna, cada vez más grande, choca con la base y los tirantes de las torres durante las maniobras de cosecha, lo que explica el 24% de las caídas.

Más allá del colapso físico, hay muchos eventos menores que no derriban la torre, pero provocan desconexiones y reducen los ingresos del operador. Las condiciones climáticas adversas causan el 47% de las desconexiones. Aquí los principales responsables son las descargas atmosféricas: Brasil es el país con mayor incidencia de rayos del mundo. Los rayos que caen sobre los cables o las torres generan picos de tensión que superan el aislamiento de la línea y producen cortocircuitos que obligan a una desconexión automática. Los vientos fuertes, por su parte, mecen los cables y reducen la distancia entre ellos, o lanzan ramas y otros objetos contra la línea, con el mismo resultado. A esto se suman los incendios, responsables del 28% de las desconexiones, que ionizan el aire y provocan arcos eléctricos graves que cortan el flujo de energía.

La curicaca

Curiosamente, no todos los culpables son climáticos o humanos. La fauna local cumple un papel sorprendente: un ave, la curicaca (conocida en otros países como bandurria), es responsable del 11% de las desconexiones en el país. Sus heces, que muchas veces son conductoras, se depositan sobre los aisladores y causan más interrupciones que las fallas humanas (7%) o los problemas de vegetación (7%). Es un recordatorio de que el monitoreo debe ser sensible incluso a los factores biológicos para evitar fallas en cascada.

Frente a un escenario con tantas aristas, la gestión moderna de activos ya no puede ser solo reactiva. El camino hacia la resiliencia pasa por reemplazar la incertidumbre por inteligencia de riesgo, combinando sensores IoT, imágenes satelitales, pronósticos meteorológicos e inteligencia predictiva. Convertir datos en bruto en visibilidad operativa es la única forma de anticiparse al próximo temporal o detectar un incendio antes de que llegue a la línea. En Resilion creemos que saber con precisión qué amenaza a la red y qué tan preparada está ante impactos externos es el primer paso para que se mantenga siempre en operación.